Amigos de verano, amigos de verdad

Aquí os compartimos  las palabras de un chico que nos llamó la semana pasada al 116111.  Me gustó la historia y los valores de amistad de las que nos habló. Más o menos fue así:

“¡¡¡Por fin me voy al pueblo!!! Aunque este año al principio no me hacía mucha ilusión, ahora estoy encantado, porque esta vez va a ser diferente: me llevo a mi amigo Víctor.

Es uno de mis mejores amigos y le he hablado mucho de toda la cuadrilla del pueblo. De cómo es cada cual, de las salidas en bici que hacemos, de los chapuzones y risas en el río gélido que pasa muy cerca, de la chica con la que siempre he soñado… Quiero que conozca esos rincones que yo conozco desde pequeño, donde teníamos aventuras, donde nos juntábamos a contar chistes, donde nos escondíamos, donde nos dimos el primer beso…

La cuadrilla del pueblo es muy especial. Sus padres y madres y los míos tienen una buena amistad desde que éramos pequeños. Por eso somos cuadrilla, porque nos sacaban a pasear de pequeños a todos y todas en grupo (como no se cansan de repetir “los viejos”).

Pero eso no es lo especial, sino que cada cual somos de una madre y un padre diferentes, vivimos en distintas partes de la península, alguien nació fuera de ella y por eso también somos de todos los colores, y nos llevamos de maravilla. Estoy seguro de que si viviéramos en la misma ciudad, las cosas no serían iguales, pero cuando llegamos allí, es como si cada cual pudiera ser él mismo, ella misma, como que no necesitas mantener la máscara de todos los días. Lo que tenemos es amistad de la de verdad y me gustaría que Víctor viera y compartiera eso conmigo.

Lo malo va a ser que va a tener que compartir también a mi padre, mi madre, mi hermana, mis tíos, mi abuelo y a mi abuela, los follones de la comida y el cuarto de  baño único pero amplio. ¡Compartir mis amigos con él bien se merece un poquito de incomodidad!”

EL PADRE QUE APENAS TUVE

abandono

Tenía 6 años cuando iba con mi padre a jugar a fútbol por las mañanas, a andar en bicicleta por el parque, íbamos de compras… Éstos y algunos más son los pocos recuerdos que tengo de él. Y es que cuando cumplí 8 años mis padres se separaron y me quedé viviendo con mi madre y mi hermana Sonia.

Fue a partir de este momento cuando mi padre se fue a vivir a casa de su madre y empezó a comportarse de forma extraña y, sobre todo, violenta. Al de pocos días de la separación, y tras no conseguir asimilar esta nueva situación, se presentó en casa y decidió cogerle a mi madre la cartera. Al ver que tenía algo de dinero, empezó a insultarle preguntándole de dónde había sacado ese dinero y acabó pegándole una torta que, incluso, le hizo caerse al suelo. Tras este episodio, al llegar a casa otro día, nos lo encontramos sentado en mi cama fumando. ¡Todavía me acuerdo del susto que nos pegamos! Mi madre se puso a chillar hasta que consiguió echarle de casa. Teníamos miedo…Por lo que al final, decidimos cambiar la cerradura y ya nunca más volvió a entrar sin permiso.

Tengo que decir que mi madre, a pesar de todo, nunca se opuso a que mantuviéramos una relación con mi padre. En un principio, sí que compartimos algunos momentos con él, incluso con su nueva pareja y, posteriormente, con el hijo de ambos, mi hermano Aitor. No sé si porque él rehízo su vida o porqué motivo, pero cada vez eran menos los momentos compartidos.
Llegó un momento en el que solamente nos llamaba para pedirnos papeles por temas de declaraciones de hacienda…temas de su interés. Incluso llegó a dejar de pasarnos la pensión. En definitiva, se desentendió de nosotros completamente.

Hoy es el día en el que todavía me pregunto qué hicimos mal mi hermana Sonia y yo para que ese padre con el que jugábamos y andábamos en bicicleta decidiera darnos de lado y rehacer su vida con una nueva familia, como si nosotros apenas existiéramos. He tenido suerte ya que tengo una madre y abuelos estupendos que siempre me han cuidado y se han ocupado de mí, por lo que nunca me ha faltado de nada, aunque esos sentimientos de culpabilidad e impotencia no desaparecían hasta que empecé a ver las cosas desde otro punto de vista, a veces, con ayuda de profesionales y a veces, simplemente, conmigo mismo.

Es por esto por lo que me he decidido a escribiros. Si os sentís identificados con esta historia quiero deciros que no os debéis sentir culpables y que a mí personalmente me ha ayudado mucho compartir mis sentimientos respecto a mi padre para llegar a comprender que yo, simplemente, era un niño y que las circunstancias y el entorno hicieron que todo se complicara. No sirve de nada culpar a nadie y mucho menos a ti mismo.

Esta es la historia, con nombres ficticios, de un menor que atendimos en el servicio. Por lo que desde ZEUK ESAN queremos animaros a que compartáis con nosotros vuestras preocupaciones, sentimientos, historias que no dejan de rondar por vuestra cabeza… porque, en definitiva, todo ello es un peso del cual puedes liberarte si lo compartes.